Inicio Nacional López Obrador: “A mí no me paga Repsol, sino los mexicanos”

López Obrador: “A mí no me paga Repsol, sino los mexicanos”

El presidente carga contra empresas y Gobiernos anteriores en su respuesta a las denuncias de trato preferencial para las compañías publicas mexicanas en el mercado energético.
EE UU elevó esta semana la presión sobre los últimos giros de la política energética de México y Andrés Manuel López Obrador ha respondido con contundencia y al ataque. 43 congresistas estadounidenses enviaron este jueves una carta a Donald Trump denunciando que el Gobierno de Morena estaba incumpliendo el espíritu del Tratado entre Estados Unidos, México y Canadá (T-Mec), al limitar la participación privada en el sector energético. La carta llegaba además después que se conocieron unos documentos que presuntamente muestran las instrucciones del presidente a los reguladores para dar un trato preferente a las paraestatales Pemex y Comisión Federal de Electricidad (CFE).
Desde una central termoeléctrica en Coahuila, y acompañado por el gobernarador Miguel Riquelme (PRI) y el director de CFE, Manuel Bartlett, la respuesta de López Obrador fue primero defender que su política energética no choca con el T-Mec -“en este tema nuestro país no hemos suscrito ningún acuerdo con el gobierno de Estados Unidos o Canadá”-, para después cargar contra las políticas de los anteriores gobiernos y contra los concesionarios privados. “A mí no me paga Repsol. A mí me pagan los mexicanos para servirles, y por eso tengo que defender el interés público, no el interés de particulares”, además de señalar también las puertas giratorias entre el mundo de la política y las grandes empresas energéticas: “se llevaron a trabajar a la que fue secretaria de energía del gobierno, pero no solo eso se llevaron de consejero a Repsol al expresidente Felipe Calderón”.
La carta enviada a Trump no es la primera crítica sobre el nuevo rumbo en la política energética mexicana, uno de los caballos de batalla electorales de López Obrador en 2018. La soberanía energética ha sido uno de puntos centrales en la agenda tradicional de la izquierda mexicana. De hecho, en 2008 la campaña del Frente en Defensa del Petróleo, liderado por López Obrador, fue uno de los gérmenes de lo que después sería Morena. Esta semana, el director general de la empresa de energía española Iberdrola dijo en un encuentro con inversionistas que la empresa descarta nuevas inversiones en México hasta que no se aclare el marco regulatorio.
La carta de los congresistas denunciaba por su parte que el Gobierno mexicano está otorgando tratamiento regulatorio preferente a las paraestatales, hasta el extremo de postergar o incluso cancelar totalmente permisos para empresas energéticas estadounidenses. Incidían además en a los documentos filtrados “el memorándum del presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, en el que indica a las autoridades mexicanas que utilicen todos los recursos disponibles dentro de la normativa para proteger a PEMEX y la Comisión Federal de Electricidad (CFE)”. La carta también subrayaba que Morena ha presentado iniciativas constitucionales para revertir reforma energética de 2103
El Gobierno de Enrique Peña Nieto aprobó una histórica reforma, una de sus medidas estrella, que permitía la entrada al negocio de empresas privadas tras 76 años de monopolio estatal. En entonces presidente del PRI logró un amplio respaldo internacional y el apoyo de los otros dos partidos mayoritarios (PRD y PAN) para aquella reforma que buscaba también relanzar a una maltrecha Pemex por medio del impulso de nuevo contratos con el capital privado. La empresa publica mexicana lleva años en un túnel: el año pasado reportó pérdidas por 18.000 millones de dólares, el doble del año anterior. Es la más endeudada del mundo, con más de 105.000 millones de dólares en deuda. Su producción ha caído 50% en las últimas dos décadas y producir cada barril de petróleo le cuesta cada año más caro.
La voluntad del Gobierno de Morena de salvar Pemex, inyectando ayudas públicas, también ha despertado críticas. En un contexto, además, de restricciones económicas, tanto por el golpe de la pandemia como por la propia deriva de la economía mexicana desde el final del año pasado. López Obrador puso sobre la mesa este sábado incluso un nuevo cambio constitucional para revertir la reforma de Peña Nieto. “En el caso de que no se pueda con el actual marco legal fortalecer a Pemex y a la Comisión Federal de electricidad voy a enviar si es necesario una iniciativa de reforma a la Constitución”