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Sobre la ginecología y la autonomía corporal de las mujeres.

Durante los últimos meses he tenido la fortuna de convivir con las mujeres de mi familia más que antes, y esto me ha permitido aprender de ellas, reírnos juntas y comparar experiencias de todo tipo. Hoy, una de mis tías, mi mamá, mi abuela y yo platicábamos sobre la prueba del Papanicolaou y cómo el espéculo o ‘‘pato’’ siempre les ha parecido un instrumento incómodo e invasivo. Yo antes había leído de cómo el llamado ‘‘padre de la ginecología’’, el médico Marion Sims, había experimentado con mujeres afrodescendientes en Alabama, Estados Unidos, realizándoles operaciones vaginales sin anestesia. El mismo, en su autobiografía, describe cómo las mujeres eran colocadas sobre una mesa, apoyadas sobre sus rodillas y codos, sin ropa, sostenidas por otros hombres, mientras él les introducía elementos en sus vaginas para practicar cirugías experimentales. Como las mujeres eran esclavas y estaban a merced de sus dueños, estos procedimientos se llevaban a cabo sin su consentimiento. Sus cuerpos eran utilizados como laboratorio científico, ignorando completamente su condición de ser humano que piensa y siente, humanos como el médico que las operaba sin consideración y los hombres que las sostenían con fuerza mientras se retorcían de dolor.

Hasta el siglo XVII aproximadamente, el campo de la obstetricia -que aun no llevaba ese nombre- había estado reservado para las brujas sanadoras o parteras. A partir de entonces, los médicos comenzaron a adentrarse en esta rama de la medicina. Como las mujeres tenían prohibido estudiar medicina, sólo los hombres fueron partícipes en el descubrimiento formal de la anatomía de un cuerpo que no era el suyo. Fueron también ellos quienes inventaron los instrumentos que se utilizan hasta el día de hoy en cualquier consultorio ginecológico o incluso durante un parto, el espéculo moderno y los fórceps. Sabiendo esto, ahora me es muy claro que si las mujeres hubiéramos tenido las oportunidades que tuvieron los hombres en la medicina, las pruebas del Papanicolaou que tantas molestias generan serían ahora muy diferentes. Quisiera resaltar que no estoy sugiriendo que la ginecología debería ser practicada sólo por mujeres, pero sí pienso que las mujeres debieron haber acaparado el protagonismo en esta práctica, o al menos sí en sus orígenes como ciencia formal.

Mi abuela y mis tías vivieron mucho tiempo en Arizpe, un pueblo sonorense donde en su tiempo el médico oficial era un veterinario estadounidense en el exilio. Hoy, mi abuela nos contó que a veces, al pasar cerca del consultorio del doctor Miller, podían escucharse gritos de mujeres atormentadas por legrados practicados sin ningún tipo de anestesia. Ahora me pregunto como en muchas otras ocasiones y por razones distintas, ¿por qué nuestro cuerpo siempre ha sido visto como un objeto a disposición de los hombres, su mala praxis, su curiosidad ‘‘científica’’ e incluso a merced de sus deseos sexuales? Por un machismo enraizado en nuestra sociedad, que trasciende cualquier derecho a la autonomía corporal y personal. El cuerpo de las mujeres no es un campo donde se pueda legislar o decidir como conjunto, pues cada una es dueña de sí misma. Absolutamente nadie debería tener derecho para decidir sobre el cuerpo de otro, en especial utilizando cómo argumento una condición de género. Las mujeres y las personas con vagina no hemos nacido para llevar a término un embarazo no deseado, no hemos nacido con la única misión de parir y mucho menos para soportar los designios de alguien que nos ve cómo un objeto sexual.

Les dejo dos links si desean leer más del tema:

Sobre el doctor Marion Sims: https://invdes.com.mx/salud/j-marion-sims-medico-cirugias-vaginales-sin-anestesia-esclavas-negras-considerado-padre-la-ginecologia-moderna/

Sobre la historia del espéculo: https://helloclue.com/es/articulos/cultura/la-historia-del-especulo-origines-usos-y-apropiaciones